Historia

La selección de las gramolas: historias de tiempos pasados

Cada gramola es una obra de arte, bien por su diseño artístico, bien por el fascinante mecanismo oculto a la vista. Ser el propietario de una gramola significa ser un afortunado, aunque algunos modelos son más especiales que otros, pues tienen una historia detrás. Sigue leyendo para conocer más sobre algunas extraordinarias máquinas de discos…

La máquina a monedas
Mucho antes del auge de las gramolas tal como las conocemos, se habían presentado en sociedad las primeras “máquinas de sonidos”. Por supuesto, las “gramolas” del siglo XIX eran fonógrafos a monedas (los denominados “nickel-in-the-slot players” en el mundo anglosajón), y su aspecto era bastante diferente al de las máquinas de discos que hoy conocemos.  Una de las primeras historias que se recuerdan sobre estas máquinas reproductoras de música es de 1889, cuando la primera gramola se instaló en el Palais Royale Saloon de San Francisco. Era una máquina extraordinaria fabricada por la Pacific Phonograph Society. Como carecía de amplificador, se tenía que utilizar uno de sus cuatro cables para poder escuchar una canción.



La “Bubbler”
La Wurlitzer 1015, popularmente conocida como la “Bubbler”, es de lejos la gramola más vendida en toda la historia, con una impresionante cifra de 60 400 unidades vendidas. Con el fin de la II Guerra Mundial también terminó la escasez de materias primas, algo por lo que las máquinas de discos diseñadas hacia 1946 tienen unas formas tan exuberantes y unos efectos luminosos espectaculares.  Hay dos rasgos que hacen que este modelo sobresalga. En primer lugar, a diferencia de otras marcas, Wurlitzer no tenía la intención de crear un diseño que se ajustara a los estándares modernos. El diseñador Paul Fuller combinó las siluetas de preguerra, con  líneas claramente modernas. En segundo lugar, la promoción comercial de este modelo de gramola en particular sobrepasó todas las campañas publicitarias anteriores. Con eslóganes como “America’s favourite nickel’s worth of fun”  (la diversión por una moneda favorita de América) su publicidad estaba orientada al gran público, más que al sector de la hostelería.



Máquinas de discos en Hollywood
Uno de los motivos por los que todos hemos visto una Wurlitzer 1015 antes es que a menudo se empleaban en Hollywood como símbolo de los años cincuenta. Por ello, si piensas en “Grease”, te viene a la mente una Bubbler. A mediados de los cuarenta las gramolas reprodujeron aproximadamente un 75 por ciento de los discos que se grababan en América. Hasta finales de los 60 las máquinas de discos tuvieron una relevancia extraordinaria en la cultura del rocanrol, desde Elvis Presley hasta Chuck Berry. Igual que el rocanrol, las gramolas eran apreciadas en general por los jóvenes, pero menospreciadas por sus padres debido a los temores ante estas nuevas canciones con connotaciones sexuales y unas letras provocadoras…

Otra máquina de discos hollywoodiense famosa es la AMI Continental, que se puede ver en películas como “Asesinos natos” (Continental 1) y “Ghost” (Continental 2). La serie televisiva “Días Felices” trataba sobre  la juventud rebelde de los años 50 y 60, algo que equivale a gramola, así que aparecían los modelos Seeburg M100C y Rock-Ola 434 Concerto.



Victoria en la II Guerra Mundial
Durante la Segunda Guerra Mundial, las fábricas de máquinas de discos se emplearon para fabricar bienes con fines bélicos. Sin embargo, de alguna manera el principal diseñador de Wurlitzer, Paul Fuller, logró en 1942 crear una preciosa gramola nueva: la Victory. Técnicamente era más bien una refabricación, pues, ante la falta de materiales nuevos, como plástico o metal, Wurlitzer partió de antiguas gramolas para crear la Victory. La forma angulosa de la carcasa se considera hoy particularmente bella, pese a que fue meramente una necesidad por culpa de la escasez, que impedía fabricar otro tipo de estructuras. La impresionante decoración de cristal compensaba la falta de plástico.



El precio de la rareza
Como muchos artículos de coleccionista, el valor actual de los modelos de gramola más caros viene definido por su rareza. El modelo Link de 1927, por ejemplo, está valorado en unos 40 000 dólares por ser una de las máquinas de discos más excepcionales del mundo. Pero la President Rock-Ola, se lleva la palma: se cree que es el único ejemplar que queda, y su valor está estimado en unos 150 000 dólares. En 2009 una de las seis gramolas Gabel Kuro de 1940 se vendió en una subasta por unos sorprendentes 120 750 dólares.

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